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13.5.09

La caja de Pandora

12:54 p. m.

Mi barrio es de esos con un ambiente nocturno decadente, lleno de bares a los que solo van los habituales (y si no lo eres y vas, enseguida te conviertes en uno de ellos), llenos de humo y gente extraña. Si subes por mi calle, un poco más allá de los restaurantes italianos cutres tenemos un Jazz Café, un Tanzbar, un teatro, un Theater Café (este demasiado pijo) y Pandora's Box.

Ayer fui a tomar algo con Mihaiela (mi nueva flatmate) al Pandora's Box porque le habían hablado bien de él y nunca había entrado. Pedimos dos copas de vino y nos sentamos en un sofá gigantesco que había en una esquina preguntándonos si le habríamos sacado el sitio a algún jefazo mafioso.

El primero en visitarnos fue George. Llegó y nos preguntó si se podía sentar. Por supuesto accedimos, porque en este país (y en toda Europa Central) es normal compartir mesa con extraños si tienes sitio y no hay nada más libre (y luego los españoles presumimos de sociables). George tendría unos 60 años y es indio. Nos contó que es periodista, pero que ahora está en paro, aunque nunca está realmente "parado", su mente funciona siempre y lee y escribe sin parar. Movía las manos de forma extraña pero controlada y nos contó un montón de chistes sobre indios o que Adán y Eva no eran chinos porque se habrían comido la serpiente también. Dijo también que solía venir a este bar porque nadie te juzgaba, te encontrabas a la gente más loca (te creo, te creo, pensaba yo) y podías bailar sin pagar entrada.

En un momento en el que George estaba bailando, vino una chica con una mastina y nos preguntó si nos importaba que se tumbase en el sofá (otra de estas cosas a las que te acostumbras en estos países, los perros entran a todas partes). No, no, claro que no nos importa. Y nos contó que estaba muy orgullosa de ella, Punta (o algo así), porque la semana pasada había aprobado un examen para ser "perra terapéutica", especialmente indicada para niños. Y que siempre se tumbaba en este sofá (el jefazo mafioso) y que le encantaba porque claro, en casa no la dejaban subirse a los muebles.

Y sí, Punta era cariñosa. Su dueña se fue a jugar al futbolín dejándonos de niñeras, y a los 5 minutos ya estaba durmiendo con su cabezona en mis piernas. Claro que cada vez que escuchaba su voz de fondo se levantaba atenta, esperando ansiosa el momento en el que su mamá viniese de nuevo a por ella.

Nos fuimos sintiéndonos ya unas habituales del lugar.

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5 tortugas:

Milk dijo...

suena muy bien :)

Te de llimona dijo...

Jajaja, qué bueno! Y luego dicen que ellos son muy cerrados, que no se socializan bien y que nosotros sí que sabemos divertirnos.

Cubilete dijo...

yo nunca sería feliz....perros

Milk dijo...

Sí, en eso estoy de acuerdo con Cubi, me pone muy nerviosa que por Europa adelante metan a los perros en los restaurantes, el de la mesa de al lado no tiene por qué soportar una cola entre sus pies. También me pone muy nerviosa que los lleven en los metros atestados, a ver si hay suerte y alguien se cae al tropezar con él.

Emma Peel dijo...

Ay... yo creo que menos en lo de los animales, en el resto me gusta más la mentalidad Pirineos arriba que la local.

He dicho.

 

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