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31.5.07

Los intelectuales no sabemos hablar

"Intellectuals always have problems with the orals", me espetó ayer mi profe de inglés. Y yo, claro, me reía y asentía porque es algo que tengo asumido desde que los exámenes de idiomas entraron en mi vida. Lo que pasó fue que hicimos un examen oral de prueba y oh, mi inglés es perfecto, sin ningún fallo, pero me quedo sin cosas que decir.

"You're one of those people who think that they have to say something interesting or philosophical, or shut up". Y siguió diciéndome lo que me dicen siempre, que no les importa lo que digamos, sino nuestro nivel de inglés. Que lo que tenemos que hacer en el oral es una exhibición de expresiones y vocabulario.

Y todo eso es algo que yo sé previamente, pero no soy capaz de hablar 2 minutos seguidos sobre el mejor método para descubrir el pasado.

Yo siempre había creído que el examen oral era el más difícil, pero resulta que no, resulta que la gente normal sube su nota en los orales. Yo tampoco tengo que preocuparme, claro, porque donde todo el mundo baja (en el resto del examen) yo subo un montón.


No importa.
Es sólo que me hizo gracia que mi profe me llamara intelectual.
Mi profe me cae muy bien, ¿vale?
Y no me odia, ni nada.
(Solo le da rabia que mi nota vaya a bajar por culpa de no saber hablar de cosas intrascendentes).

7.5.07

Literatura creadora

El problema no son las raíces, nunca lo son. Porque las raíces aparecen siempre y te ayudan a mantenerte en pie. El problema es creer que irte o moverte es talarlas. Y no.

(No sé si continuar con esta bella metáfora o no).

Continuemos. Yo no talo. Nunca talo, talar es de radicales. Mi problema es que (adivinadlo) yo no riego.

No sé si es por leer a tantos medievales que ahora escribo en metáfora (y porque no he empezado con las alegorías). Pero sonrío al saber que la caballería nunca existió, al saber que fue un ideal como los tres estamentos. Fue algo que se inventaron los nobles al ver que cada vez les separaban menos cosas de los campesinos (oh, malditos burgueses emergentes). Inventaron un mundo en el que esa separación estaba clara, era divina; un mundo de caballeros y honra y damas encerradas en castillos.

Y entonces, oh, entonces les gustó tanto ese mundo que empezaron a crear órdenes de caballeros y empezaron a organizar justas y torneos.


Cervantes tenía razón, claro, y ahora imagino un mundo lleno de flipados (dios mío, no se me ocurre una palabra mejor), lleno de quijotitos vestidos de caballeros buscando gigantes.

Es emocionante cuando la literatura se inventa cosas y nosotros nos las creemos.

 

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