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6.10.09

Buscando robles entre las tortugas

1:16 a. m.

¿Te preguntaste alguna vez por qué este blog se llama así? Por esto. (¿Ego? No. ¡Es mi blog!)

Buscando robles entre las tortugas
Mrs Jones, 2003.

El día que las tortugas conquistaron la Tierra, un alarido estremecedor recorrió el valle. Yo estaba en mi habitación sentado en el suelo deseando escribir una canción sobre rocas e islas, y recuerdo que el cristal de mi ventana estalló justo cuando creí encontrar la melodía. Uno de mis dedos empezó a sangrar, así que cerré los ojos con fuerza para evitar que todo aquel desastre ensuciase mi composición.
Pronto anocheció, el frío que entraba por la ventana rota me hizo volver. El silencio olía a óxido. Decidí salir a la calle para tapar la herida de mi dedo con una hoja de roble. Al llegar a la acera recordé que nunca había visto un roble, pero no me importó, porque sabía que encontraría alguno. Diez millones de tortugas en fila me mostraban el camino. No las quise pisar, su sangre ensuciaría la calle y supe que me sentiría culpable y que me volvería loco buscando árboles de las más variadas especies para cubrir las vísceras con sus hojas.
El ejército verde acababa en la línea del horizonte, pero esta parecía alejarse de mí cada vez que yo daba un paso en su dirección. Los robles crecen en el otro lado del mundo, eso todo el mundo lo sabe. Recorrí muchos kilómetros sin fijarme en que lo único vivo que veía eran tortugas. Las islas y las rocas seguían buscando un lugar en mi mente, pero el hueco exacto en el que habrían encajado había desaparecido cuando mi dedo empezó a sangrar. Cuando salió el sol me dormí frente a un edificio con banderas, mientras once cipreses proyectaban su sombra sobre la gravilla.
Por la tarde me desperté, y las tortugas ya no estaban. Seguí sus huellas durante tres o cuatro horas, pero los robles se habían extinguido durante los terremotos del siglo pasado. Miré mi dedo, la sangre seca, y me pareció que la herida sin cicatrizar aún tenía forma de caparazón. El ejército verde se había ido porque los humanos se habían tirado al mar.
De vuelta a casa me crucé con cinco tortugas de la suerte que me preguntaron si había encontrado algún roble. Les dije que tan sólo once cipreses. Mientras me alejaba me advirtieron de que la sal hacía escocer las heridas. Por eso cuando pasé por el mar no me metí dentro.
En mi habitación recogí con cuidado los cristales y los trozos de rocas e islas que no se había llevado el viento. Mi dedo manchó las sábanas de granate. Noté que en la alfombra de musgo que cubría las paredes había animales verdes camuflados. El silencio olía a humedad. Me dormí mientras las tortugas entraban por la ventana.

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7 tortugas:

Emma Peel dijo...

Me siento afortunada al haber sido una de las personas que lo pudo leer en su momento :)
Todavía conservo ese documento entre los archivos de mi ordenador viejecín!!

Preparando mixes!

Emma Peel dijo...

Y me alegra tanto que vuelvas aquí!

Te de llimona dijo...

Me ha gustado tu relato, pero yo no quiero ser tortuga! :-)

Pataruco dijo...

Que bonito

(parece que queda mal usar ese adjetivo relacionado con algun acto de creación, pero es que es cierto, es bonito)

Milk dijo...

Está cayendo en tus manos mucho material del pasado!(Ten cuidado)

ciudadanoborrado dijo...

¿Y por qué los robles molaban más que los cipreses? :ooo :)))) ¿Se puede decir molar o ya no nos pega? xD

chuikov dijo...

muy bonito mrs jones. está bien que hayas vuelto

 

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