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22.3.09

Civilización y psicoanálisis

8:09 p. m.

Supongo que cuando vives en un país en el que puedes llamar a "tele-cerveza" para que te traigan millones de botellas a casa, el movimiento físico es necesario si no quieres acabar con la línea de Homer Simpson. Para mi época de inactividad me había propuesto dar una vuelta al ring en bici todos los días, pero hasta hoy no lo había hecho aún. Y hoy hice un poco de trampa, porque paré a la mitad para ejercitar también un poco mi cerebro, pero esas pausas también son importantes. Pensar quema calorías, dicen.

Lo de la cerveza lo descubrí ayer en el estudio-de-cine-casa, cuando de pronto saltó la alarma: 12 personas y solo 2 cervezas en la nevera. Pero entre los austríacos no cundió el pánico. Un ordenador, una llamada. 15 minutos y timbre. Así de fácil es fomentar el alcoholismo entre la sociedad, mientras algún sorprendido extranjero exclamaba "¡esto es civilización!" y un emocionado vienés intentaba encontrar un servicio similar para pedir una Sachertorte (sin éxito). Todo amenizado con la felicidad de Albano y una proyección de diapositivas de una familia de los 70 que a alguien se le ocurrió comprar en un mercadillo por tan solo un euro.

Esta mañana me sorprendió el sol y tras un capítulo de Lost (ya estoy al día) y casi sin pensar, saqué a Manuela de paseo. Las mañanas de domingo (con buen tiempo) deberían estar reservadas para esto. Las calles eran mías, y los parques de los niños. No había mucho más.

A mitad de camino, descansé un rato para hacerle una visita a Freud. Su casa ya no es en realidad un hogar. En donde se supone que dormía y comía hay ahora miles de retratos de todos sus amigos, pero ni una cama, ni una mesa. Lo que sí que está intacto es su estudio/consulta. El vestíbulo, la sala de espera. La estantería con Schiller y Thomas Mann. Sus sombreros y cantimplora. El baúl con el que huyó a Londres.

En una sala oscura, varias televisiones mostraban vídeos domésticos con la voz en off de Anna Freud (su hija) vieja y temblorosa explicando quién era quién, si estaban en Viena o en París o ya en Londres. Banderas nazis delante de la Ópera.

Después Manuela otra vez, pero de pronto ya no hace buen tiempo. El cielo está gris y el viento intenta impedirme avanzar. Llego a casa derrotada. Pero contenta.

Nota 1: Ya tengo piso. Te lo cuento mañana.
Nota 2: Otro día te hablo de las tumbas de Beethoven, Brahms, Schubert...

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3 tortugas:

Cubilete dijo...

la casa de freud de viena es una absoluta decepción. mil veces mejor la de londres.

nosotras nos preguntábamos hoy mismo si no habría telemerienda (no, no la hay. desastre)

Milk dijo...

Oh. Yo hoy vine con el coche desde Ourense a las nueve de la mañana y también sentí que la carretera era absolutamente mía y me complací con el cielo azul y demás. Pero eso sí, a mí no me cuenta como hacer ejercicio :(

Te de llimona dijo...

Espero impaciente tu capítulo sobre las tumbas de Schubert, Brahms, Beethoven...
Celebro que ya tengas piso. Pero eso del estudio de cine y a la vez casa, creo que tendrías que haberlo explicado mejor, que las lectoras curiosas como yo nos quedamos como que nos falta algo :-) (brometa).
Lo de que te lleven la Sachetorte a casa, eso ya sí que sería un lujazo. Mejor pasear y tomársela en uno de esos cafés vieneses, vamos digo yo.

 

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