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2.12.08

Frío y tiempo

11:39 p. m.


Nunca sé muy bien cómo explicarlo y tampoco creo que tenga demasiado sentido hacerlo. ¿Cómo hacer que imagines, que seas capaz por un segundo de sentir una milésima de todo lo que sentí yo mientras el autobús entraba en Praga e intentaba adivinar formas familiares? ¿Cómo contarte la emoción y las irremediables sonrisas al salir del metro en Staroměstská? Y, sobre todo, ¿cómo describir todos los recuerdos que se sucedían con velocidad abrumadora en mi cerebro?

Pero todo el mundo te pregunta. ¿Y qué viste en Praga? ¿Qué visitaste? Y la verdad es que no creo que importe demasiado si descubrí que no recordaba lo bonita que era la ciudad en el Karlův most o en Vyšehrad. Importan otras cosas.

Importa descubrir que la línea verde ya no acaba en Skalka y que el Velryba ya no tiene palacinky en su menú (pero que sigue el mismo camarero). Importa que mi graffitti de Narodní ha sido sustituido por otro, o que el Nebe ya no tiene una pizarra en la que comunicar que los jueves son el día indie. Importa la barandilla del Karluv Most e importa el caballo del Lucerna.

Y entonces te preguntan cuál es tu lugar preferido de Praga, y finjo pensar, aunque en realidad esté cantando. Porque es obvio, es tan obvio si ves mis fotos, es tan obvio si me ves pasear entre las tumbas respirando el frío y las flores muertas y todas esas personas que fueron importantes (o ricas) y me asomo al río una vez más, como cuando hace cuatro años parecía que iba a saltar pero al final solo bajé las escaleras.

De pronto nos encontramos delante del Kino Světozor y unas horas después cogemos un tram hasta el Aero y oh, esto ya te lo insinué en otra ocasión, aunque no sabía si había cogido un tram o un autobús, así que al bajarme en la parada tiemblo un poco recordando el día que me enamoré dos veces, y otra vez el frío y las palabras raras que suenan tan familiares.

Y están además Marta, y Karin y Vincent, y es como si nada hubiese pasado, como si cuatro años fuesen cuatro días. Aunque la Ana que vivió en Praga no sabía que era nómada, ni podía responder a la pregunta "¿tele, radio o periódico?" porque le faltaba su amada cuarta opción, y estaba convencida de que llegaría un momento en el que sabría qué hacer con su vida. Y no opinaba sobre Barcelona, ni Berlín, ni Madrid, aunque estaba a punto de empezar a opinar sobre Viena sin imaginar que era posible vivir en una ciudad llena de palacios sin ser rica.

El frío y el silencio y las estatuas del cementerio. Una pequeña punzada en el estómago y agua en los ojos. Tos, gorro y bufanda y alguna música que nos ayude a aceptar el paso del tiempo.

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2 tortugas:

Milk dijo...

A mi esta canción creo que me hace más llorar que aceptar el paso del tiempo... pero en fin, me alegro de que lo disfrutases, y que sea posible volver a los lugares en los que has sido feliz!

Cubilete dijo...

por qué milk versionea sus propios comentarios??????

a mí me recuerda a un anuncio de eléctrica o de gas natural... creo que unión fenosa la utilizó alguna vez... Es triste, no?

Descrubir cambios en el mapa del metro es lo peor. Es la constación de que todo cambia! :(

Pero oye la vida sigue!
(es que a mí gas natural me llena de esperanza en un futuro más cálidos ;P )

 

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