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28.3.08

26 canciones

1:03 a. m.

Todo empieza con una postal enviada desde un avión. Es una postal triste, ¿sabes? Una postal que recuerda, una postal de esas patéticas. Ella ya no necesita a Jens y Jens… ay, Jens, cuándo dejarás de soñar. Jens sigue pensando en una iluminación repentina, como el divino Juan Bautista. Se queda dormido en su habitación de Bloomington y sueña con ranas y serpientes que se deslizan sobre la arena. La calefacción provoca pesadillas desérticas. Jens suda y no sabe si la luz es dios o si es ella, perdida en algún otro punto del globo. Oh, qué simple sería la vida sin el asfalto, piensa mientras da vueltas en la cama. Qué feliz siendo algo incluso emocionante, siendo un cazador furtivo. No querría dinero ni poder, no es eso. Es solo el corazón saliéndosele del pecho cada vez que un pez prohibido de escamas como espejos muerde el anzuelo.

Jens se despierta otro día, ya da igual, es otra etapa del viaje. ¿Chicago? ¿Nueva York? Lo que importa es el movimiento y el traqueteo del tren por las largas vías o el polvo que deja el coche a su paso. Y lloras con tu amigo por las cosas que pasan, por la tierra, por la libertad.

¿Cuántos años van ya? La vieja Europa atrapa a Jens de nuevo y las postales salen desde la Costa Azul, donde todo parece visto a través de un caleidoscopio. Aguantar, aguantar. Jens se sumerge en el agua y desea que todo se paralice. “Nuestro amor”, escribió en la última carta “es más profundo que todo esto”. Sello, buzón, y algún cajón de correos se llena con otra postal del loco este que no entiende que ella huye por el veneno de cada beso, que ella nunca volverá a estar localizable.

Y otro amanecer más a la orilla de un río de agua sucia, mientras llueve y Jens recuerda momentos perfectos. Las luces de la ciudad, los cielos oscuros. Jens suspira y se baja del autobús en un motel de esos que ha visto tantas veces en las películas. El dueño y sus ojeras le sirven un café, y pasa la noche escuchando el amor de sus vecinos. “Es siempre así”, dice el dueño por la mañana. Y no le cobra el desayuno. Jens llama desde una cabina y el número sigue sin existir. “No ocurrirá aquí”, piensa.

Las noches siguen siendo oscuras y amargas. Los ruidos de los coches o del desierto son los mismos, y ese oscuro coro nocturno mece los sueños de Jens, siempre tristes, azules, inquietantes.

A veces piensa en Suecia (desde San Francisco, desde Australia) y se pregunta por qué está tan lejos de casa. Los montones de ropa sucia se acumulan y las lavanderías son un lugar vacío, un lugar muerto. Saca entonces la guitarra mientras espera a que su ropa esté lista y empieza trece mil canciones que nunca acaba. Porque, eh, ¿quién quiere otra canción de amor? El avión aterriza a veces en la fría Escandinavia y todo es distinto en Kortedala. Mamá te abraza porque al fin has vuelto, pero tú, Jens, tú nunca deshaces la maleta. Tiritas al salir a la calle, tan blanca y gris, tan desierta llena de caras tristes y gatos muertos en el patio, y piensas en plagas medievales. Otro tiempo más interesante que este.

Otra carta. Jens sabe que no llegan porque la dirección es falsa. Y es una excusa tan mala… ¿cuánta gente podría darte su dirección actual? En el fondo, Jens no se atreve y ya solo quiere volver atrás en el tiempo, volver a algún lugar familiar y cálido, volver a sentirse seguro con gente alrededor. Ya no es el más fuerte… Aunque te consuela pensar en cómo sería una vida convencional, un trabajo de mil horas y tanto éxito que no lo puedes dejar. Llegar a casa derrumbado y perder toda tu vida por una estúpida profesión. Y acabar durmiendo en camas gemelas como si fuéseis hermanos. Pero con menos amor.

Es mejor así, piensa Jens, es mejor así. Es mejor estar lejos, moverse sin parar y escribir canciones con el ukelele. Canciones tributo a todos esos dioses que nunca te abandonarán. Piensas en Bob, en Jonathan, en Neil. El mundo que solo ellos parecen entender. Un mundo formado por palabras sin sentido que permitirían un nuevo orden. Jens vuelve a sus estudios de lingüística y recuerda términos inventados de niño. Apunta que tiene que escribir un diccionario para el nuevo orden mundial. Es raro lo de las lenguas. ¿Me estás hablando de amor o de la gripe aviar? Jens sonríe por un momento y se olvida. Se olvida.

Pero las noches siempre vuelven con su frío y sus sudores y los sueños escalofriantes. Las sábanas se te pegan y ya solo hay monstruos. Ojalá, ojalá llegue ya la mañana.

¿Sabes? A veces Jens intenta seguir y cree encontrar el amor en cada rincón. Por eso se mueve sin parar, se imagina salvaje en cada lugar nuevo, el extranjero atractivo y solitario. Has leído demasiado. Aunque siempre acabas haciendo lo que ellos, huir. Nadie se cree eso de que estás preparado. Por eso ella no recibe las cartas, por eso. Nadie se cree lo de tu libertad tampoco. Quién sabe cómo has acabado en Australia. ¿No encontraste nada más lejano?

Pero era eso o lo otro. Zambullirte en la ciudad y navegar en el asfalto. Aguantar todas las noches en bares underground de ojos negros, tomando cosas raras y asustándote cada mañana con el sol. La vida nómada nos parecía más sana, ¿verdad? Oh, Jens, te crees un rey gitano con tu ukelele siempre al hombro y diciendo que sigues el camino que te marcan las estrellas.

El sol calienta tu cara y la guerra ha acabado. Amaneces. ¿Es ella? ¿Muertos? ¿Vivos? Jens no sabe. Jens sigue con sus cartas y mira por la ventana. La vida no deja de ser emocionante.

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6 tortugas:

Mrs Jones dijo...

26 canciones han servido de inspiración. ¿Cuántas intuís?

Milk dijo...

uy

yo por lo menos una

(mas bien, yo únicamente una)

es muy dificil :(

Cubelle, la belle (et ainsi un peu bete) dijo...

uf!! es demasiado largo y yo demasio inculta como para intuir nada....

Leopold Bloom dijo...

Tengo que repasar...

Cubilete dijo...

jo! podrías renovar, no? ahora que estoy en paro necesito leer cosas frescas!

Cubilete dijo...

reeeeeeeeeeeeeeenueeeeeeeeeeeeevaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

 

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