Hoy ha sido un día lleno de acontecimientos importantes, de esos en los que te vas a la cama satisfecha y feliz.
1. Por fin, por fin he conseguido registrarme en la Embajada. Qué tontería, dirás, no puede ser tan difícil. Pues sí lo es, y ya llevaba una semana intentándolo y cada vez más nerviosa por eso de que el 31 de enero se acaba el plazo para pedir el voto desde el extranjero. El primer intento fue el lunes pasado. Busqué la dirección en Internet y anoté calle y número en mi cabeza, y descubrí sorprendida al llegar a esa calle y ese número que mi cabeza no era de fiar. Así que llamé a Abraham y me dijo la calle (la de verdad) y que vería la bandera. Pero yo vi todas las banderas del mundo menos la española y volví al trabajo frustrada.
Al día siguiente, con la verdadera dirección ya grabada en mi cabeza, conseguí llegar. "Quiero registrarme", dije. Pero me explicaron que el registro consular estaba abierto solo hasta las 13.15h, y como eran ya las 13.20h la gente se había ido a comer.
El jueves fui otra vez (antes de las 13.15h) y conseguí hacerlo casi todo... pero me hacían falta dos fotos y yo solo tenía una (en la web es lo que pone).
Hoy se me salió la cadena de la bici mientras subía la gran cuesta que lleva a la Embajada y por un momento creí que el destino no quería que yo votase. Pero conseguí llegar, les di las fotos (ya me conocen, ¿sabes?) y todo está ya en orden.
2. ¡La web nueva de FRA ya está disponible! Y no es que haya mejorado mucho, pero sí hay una cierta diferencia (aunque queda aún taaanto por hacer...).
Y nada más. Me voy a dormir, que mañana a las 8 tengo una entrevista en Adecco. Que me encuentren trabajo y me solucionen todos mis problemas.
27.1.09
23.1.09
Julio y sus 24 años
Usted pensará: "Cosas de muchacho". Ojalá fuera así. ¡Yo me siento tan viejo! La juventud fue mi tiempo de estudiante. (...). Cuando era más joven los viajes no tenían eso de necesario que ahora los circunda; eran, más bien, ese ideal común a todos los hombres que presienten un triste destino condicionado por la burocracia y la medianía económica. Ahora, en vez, es otra cosa. Ahora es algo grave, un despertarse en plena noche y decirse: "O te vas, o te mueres". Un morir que no es el poco importante morir fisiológico; un morir en vida, un progresivo paso de hombre a máquina, de conciencia a simple cosa...
Julio Cortázar, 4 enero de 1939 (carta a Luis Gagliardi).
Tenía mi edad, ¿sabes? Y escribía cartas y pensaba en cuando estas fuesen publicadas. Y se negaba a enviar sus cuentos porque "son muy malos", y porque el relato corto pertenece a Faulkner y Hemingway y demás. Y soñaba con viajar a México en un buque de carga trabajando para sobrevivir.
Qué felicidad seguir estando enamorada de alguien de quien me enamoré a los 16 años.
PD: Ahora me apetece escribir cartas, pero necesito tener a quién contestar. Dense por aludidas.
Julio Cortázar, 4 enero de 1939 (carta a Luis Gagliardi).
Tenía mi edad, ¿sabes? Y escribía cartas y pensaba en cuando estas fuesen publicadas. Y se negaba a enviar sus cuentos porque "son muy malos", y porque el relato corto pertenece a Faulkner y Hemingway y demás. Y soñaba con viajar a México en un buque de carga trabajando para sobrevivir.
Qué felicidad seguir estando enamorada de alguien de quien me enamoré a los 16 años.
PD: Ahora me apetece escribir cartas, pero necesito tener a quién contestar. Dense por aludidas.
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Mrs Jones
On 11:22 p. m.
21.1.09
Bloqueada
Strum, strum.
Dos acordes de guitarra y Ada se encoge en una esquina del sofá. Hay algo que lleva varios días preguntándose. Ahora una voz cruje desde los altavoces de su ordenador y ella siente que se arrastra con las cuerdas vocales, o con los dedos que chirrían al deslizarse sobre las cuerdas.
Es todo un poco raro, porque es verano y fuera todo es verde y rojo, y sus amigos la han llamado para ir a recoger fresas y beber vino en el bosque, pero ella simplemente colgó el teléfono sin decir una palabra. Suspiró un poquito, cree recordar. No como ahora, que escondida bajo varios cojines hace puf puf puf una y otra vez, hasta el final largo y profundo que la hace hundirse más y más, todo en la última línea de acordeón que acaba justo cuando Ada cierra los ojos.
Está pensando en muchas cosas. No en demasiadas, no son nunca demasiadas porque no le duele la cabeza ni la lengua ni la mano y eso es que todo su cuerpo es capaz de sincronizarse con la velocidad de su cerebro, lo que no dice mucho a favor de este último. Además es siempre lo mismo, es siempre ese momento hace ya tantos años que sigue atrapándola con sus manos grandes y feas. Ada lo pasa mal recordando, pero también sabe que si consiguiera por fin olvidar, su vida se quedaría un poco vacía. O por lo menos su cabeza. Así que se da la vuelta y se deja atrapar por el reloj que está parado desde entonces.
Ella dice que no, pero ya era así antes. Aunque insista en que todo su ser viene definido por un momento traumático, ya a los 3 años se zambullía bajo cojines y mantas y deseaba no salir nunca y ya sentía cómo sus pulmones eran arañados con fuerza por violines y armónicas. Y no importa cuántas mañanas la despierte el sol de forma suave y cálida, para Ada todo es frío cuando amanece. El suelo bajo sus pies descalzos, los azulejos del baño, la porcelana de su taza del desayuno.
Nadie se da cuenta de todo esto. Ven a Ada con sus patines haciendo piruetas como si nada le importase, y no se les pasa por la cabeza que ese torbellino no es delicado y suave, sino áspero y rudo. Porque al final, tantos golpes y arañazos han acabado por formar una especie de callo enorme a su alrededor y Ada ya no siente, Ada solo busca.
Solo las canciones la atraviesan como delicadas espadas y a veces, pero solo a veces, se escapa una gotita de sangre, y entonces Ada se encoge un poquito más e imagina que llora o que ríe o que escapa patinando de la jaula en la que ha decidido encerrarse. Y hace otra pirueta, y pinta nubes con los dedos llenos de barro, y busca palabras y las junta de forma bonita buscando solo crear algo bello que lo haga todo un poco más sencillo. Y debería haber ido a buscar fresas, porque son rojas y bellas, pero los malditos acordeones no se lo permitieron.
[Necesito que me ayudéis a decidir cuál es el trauma de Ada]
Dos acordes de guitarra y Ada se encoge en una esquina del sofá. Hay algo que lleva varios días preguntándose. Ahora una voz cruje desde los altavoces de su ordenador y ella siente que se arrastra con las cuerdas vocales, o con los dedos que chirrían al deslizarse sobre las cuerdas.
Es todo un poco raro, porque es verano y fuera todo es verde y rojo, y sus amigos la han llamado para ir a recoger fresas y beber vino en el bosque, pero ella simplemente colgó el teléfono sin decir una palabra. Suspiró un poquito, cree recordar. No como ahora, que escondida bajo varios cojines hace puf puf puf una y otra vez, hasta el final largo y profundo que la hace hundirse más y más, todo en la última línea de acordeón que acaba justo cuando Ada cierra los ojos.
Está pensando en muchas cosas. No en demasiadas, no son nunca demasiadas porque no le duele la cabeza ni la lengua ni la mano y eso es que todo su cuerpo es capaz de sincronizarse con la velocidad de su cerebro, lo que no dice mucho a favor de este último. Además es siempre lo mismo, es siempre ese momento hace ya tantos años que sigue atrapándola con sus manos grandes y feas. Ada lo pasa mal recordando, pero también sabe que si consiguiera por fin olvidar, su vida se quedaría un poco vacía. O por lo menos su cabeza. Así que se da la vuelta y se deja atrapar por el reloj que está parado desde entonces.
Ella dice que no, pero ya era así antes. Aunque insista en que todo su ser viene definido por un momento traumático, ya a los 3 años se zambullía bajo cojines y mantas y deseaba no salir nunca y ya sentía cómo sus pulmones eran arañados con fuerza por violines y armónicas. Y no importa cuántas mañanas la despierte el sol de forma suave y cálida, para Ada todo es frío cuando amanece. El suelo bajo sus pies descalzos, los azulejos del baño, la porcelana de su taza del desayuno.
Nadie se da cuenta de todo esto. Ven a Ada con sus patines haciendo piruetas como si nada le importase, y no se les pasa por la cabeza que ese torbellino no es delicado y suave, sino áspero y rudo. Porque al final, tantos golpes y arañazos han acabado por formar una especie de callo enorme a su alrededor y Ada ya no siente, Ada solo busca.
Solo las canciones la atraviesan como delicadas espadas y a veces, pero solo a veces, se escapa una gotita de sangre, y entonces Ada se encoge un poquito más e imagina que llora o que ríe o que escapa patinando de la jaula en la que ha decidido encerrarse. Y hace otra pirueta, y pinta nubes con los dedos llenos de barro, y busca palabras y las junta de forma bonita buscando solo crear algo bello que lo haga todo un poco más sencillo. Y debería haber ido a buscar fresas, porque son rojas y bellas, pero los malditos acordeones no se lo permitieron.
[Necesito que me ayudéis a decidir cuál es el trauma de Ada]
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Mrs Jones
On 10:05 p. m.
13.1.09
Elías y más palabras
En realidad hoy solo quería contarte dos cosas. Quería en primer lugar presentarte a Elías el Ukelele (bautizado hace un par de horas, y si me conoces y piensas mucho mucho, encontrarás el porqué de su nombre). En la foto posa con Oso, Daisy, mi alter-ego y su mamá y su papá (no, no tengo claro quién es quién) poco antes de partir hacia tierras frías y lejanas. Ahora mismo Elías duerme calentito en su funda aprendiéndose canciones de Leonard Cohen y Jens Lekman y Beirut.
La otra cosa que quería anunciar tiene que ver con el principio de este post: escribir. Como mi propia voluntad no parece suficiente -y ay, la presión santageneracional es muchas veces demasiado laxa -, he aceptado una propuesta llegada vía Last FM (vivan las redes sociales) para escribir sobre música en otro blog.
Así que a partir de ahora, también me podrás encontrar en Songs to keep (¡guarda el enlace!).
By:
Mrs Jones
On 11:36 p. m.
5.1.09
2009 y todos contentos
Aquí estoy otra vez, después de unas merecidas vacaciones en las que me he dedicado a estar con papá y mamá y demás familia, achuchar gatitas y jugar a la pelota con Menta, envolver libros con papel verde, ver a algunos amigos (no a todos, no), intentar tocar mi nuevo y adorable ukelele, escuchar canciones bonitas y la lluvia por las noches, ir al médico, y reflexionar sobre mi futuro tan difuso y tan cercano.
Viena me recibe de pronto con temperaturas bajo cero y con un poquito de nieve, y la pobre bici Manuela intuye que no va a salir en un tiempo, porque tiene algo de polvo en el sillín y cuando me acerqué a ella esta mañana se lo limpié con un guante pero no le saqué el candado.
Ayer fue todo un poco raro, porque estuve en cuatro países y me puse un poco triste cuando en Bratislava saqué dinero y solo salieron euros, ni una mísera corona. Luego al llegar a Viena cogí el último metro pero no el último autobús, así que tuve que subirme a un taxi que apareció de la nada y el señor taxista me felicitó el año, y luego vio que mi acento era raro y me preguntó si era de la Alta Austria, y yo le dije que era de España, oh, estudias aquí, claro, no, trabajo, bueno, unas prácticas, oh, oh, y qué tal está el tiempo en España ahora, frío, pero no tanto como aquí, claro, pues hablas muy bien alemán, oh, gracias, pero no, yo entiendo pero hablar es difícil. Y al llegar a casa se despidió con un apretón de manos y me deseó que todo me fuese bien en Viena.
Por eso yo entré en casa de buen humor y con pocas ganas de dormir, y por eso creo que 2009 va a ser guay, por cositas pequeñas y porque a las 8 de la mañana del día 1 no estaba congelándome de frío en una parada de autobús sino calentita bajo mi edredón.
Y he decidido también que este año va a ser mi año y que mis propósitos ya no forman parte de mi lista de propósitos de año nuevo sino de mi filosofía de vida.
Mi granito de arena para todos esos mundos mejores.
Viena me recibe de pronto con temperaturas bajo cero y con un poquito de nieve, y la pobre bici Manuela intuye que no va a salir en un tiempo, porque tiene algo de polvo en el sillín y cuando me acerqué a ella esta mañana se lo limpié con un guante pero no le saqué el candado.
Ayer fue todo un poco raro, porque estuve en cuatro países y me puse un poco triste cuando en Bratislava saqué dinero y solo salieron euros, ni una mísera corona. Luego al llegar a Viena cogí el último metro pero no el último autobús, así que tuve que subirme a un taxi que apareció de la nada y el señor taxista me felicitó el año, y luego vio que mi acento era raro y me preguntó si era de la Alta Austria, y yo le dije que era de España, oh, estudias aquí, claro, no, trabajo, bueno, unas prácticas, oh, oh, y qué tal está el tiempo en España ahora, frío, pero no tanto como aquí, claro, pues hablas muy bien alemán, oh, gracias, pero no, yo entiendo pero hablar es difícil. Y al llegar a casa se despidió con un apretón de manos y me deseó que todo me fuese bien en Viena.
Por eso yo entré en casa de buen humor y con pocas ganas de dormir, y por eso creo que 2009 va a ser guay, por cositas pequeñas y porque a las 8 de la mañana del día 1 no estaba congelándome de frío en una parada de autobús sino calentita bajo mi edredón.
Y he decidido también que este año va a ser mi año y que mis propósitos ya no forman parte de mi lista de propósitos de año nuevo sino de mi filosofía de vida.
Mi granito de arena para todos esos mundos mejores.
By:
Mrs Jones
On 8:34 p. m.
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