Estadisticas de visitas

4.11.09

Music is the flowers of wintertime


No sé si empezar por el principio o por el final, si empezar por Erlend saliendo a presentar a Javiera Mena y afirmando que habla mucho porque le encanta escuchar su propia voz o por el mismo Erlend bailando encima de la barra del Vademecwm mientras Eirik se queda solo una y otra vez.

Entre un momento y otro ocurrieron muchas cosas, muchos instantes de belleza y humor, dos voces tan afinadas, y dos personajes tan distintos. Erlend buscando el baño de masas (y las masas bañándole encantadas) y Eirik sonriendo condescendiente hacia su compañero. Y entre canción y canción, reflexiones sobre la pobreza de España con respecto a Portugal, sobre los lugares en los que llueve (se sentían como en casa), sobre la inspiración siendo ir a ver a algún artista y darte cuenta que no es tan bueno, o simplemente jugando a ser gallegos intentando responder a una pregunta con otra. Erlend puede, Eirik no. No es fácil ser gallego.

Y un final en el que nos sentamos en el escenario (a sus pies, por cierto, de Camper) y algunos bailaron y todo. Salí enamorada.

Y oh, nos invitan al Vade, donde van a pinchar y allá vamos bajo la lluvia, felices porque es martes y el lugar está lleno y Erlend pincha a Paul Simon y California dreamin' mientras Eirik habla con la gente. Y Erlend baila y brinca y bebe y el espíritu fan vence y Eirik me pronuncia su apellido impronunciable y el de Erlend pronunciable (Uuuuyyyaaa) y el gran Davide Bertolini da saltos para parecer más alto. Y Erlend pincha sus propias canciones y baila como si de un ídolo suyo se tratase, y me acerco a él que se gira y se desequilibran sus casi 2 metros sobre mí (pero se recupera) y yo lo odio un poquito por ser tan showman y cuando lo perdemos de vista nos lo imaginamos apagándole los cigarrillos a los fumadores que se han colado. Luego baila sobre la barra y pincha Imagine y canta y casi ni abre los ojos y coge la cazadora y huye, y Eirik dice que se van en una hora.

Y una y otra vez pensaba en cómo es injusto que el pobre Eirik se quede solo (no como en las portadas de los discos) y todo el mundo quiera a Erlend. Yo sigo queriendo a Erlend (un poco más incluso aunque me dé rabia), pero he aprendido a querer a Eirik también. Y a Bertolini y al Tobias el violinista de las mil edades.

 

© 2013 Buscando robles entre las tortugas. All rights resevered. Designed by Templateism

Back To Top