La primera vez me enfadé un poco. El tríptico de Adidas decía algo así como "la bici está muy bien, sí, pero seguro que preferirías tener una Vespa" (que sorteaban). Aún me veo con el cartoncito en la mano mirando a mi alrededor indignada con ganas de gritar "pues no, no quiero una Vespa!", antes de irme enfurruñada lanzando miradas asesinas a todas las motos que me adelantaban (hacéis ruido, y contamináis, y sois peligrosas, y hay mil sitios a los que yo puedo llegar con mi Manuela en los que nunca os dejarían entrar).
El de ayer era un folletito pacífico anunciando un libro llamado "Radfahren in Wien" ("Ir en bici en Viena"). ¿Te puedes imaginar una correspondencia entre producto y destinatario más perfecta y exacta que esta? Si no me compro el libro es solo porque me quedan aquí poco más de dos semanas (esta es mi triste realidad), pero al menos me puedo aprender todos los nombres en alemán de cada parte de la bici (nombres que, como bien intuyes, no sé en castellano) gracias a la bonita y didáctica foto que ilustra el flyer.



