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30.8.08

Bergen y la lluvia


La crónica de Bergen tiene que empezar en un avión que desciende hacia el aeropuerto. Por la ventanilla veo agua y parches de tierra verde, pequeñas islitas que se van haciendo cada vez más grandes. Entonces sonrío nerviosa y me pregunto cómo va a hacer el piloto para acertar en una de ellas y no en el agua que lo rodea todo.

El aeropuerto es diminuto y un autobús nos lleva a la ciudad. El señor conductor me pregunta si voy a algún sitio en especial, y yo le digo que a la estación de tren (desde ahí se supone que ya sé llegar al hostal) y me pregunta si quiero que me avise cuando lleguemos, y mientras le digo que sí pienso que este es un conductor de autobús de los de verdad, de los que aman su profesión.

Cuando me deja en la estación ya es de noche y las callejuelas de piedra están vacías. Mis pies hacen "tof, tof" y hace frío. El hostal parece un lugar acogedor en el que ya todo el mundo duerme.

Al día siguiente descubriría el microclima bergeniano, visitaría tiendas de Navidad con la nariz roja y los pies mojados, y aprendería a amar las 8 de la tarde, cuando la lluvia se va y los rayitos de sol nos calientan los párpados. Los bergenianos se suben en sus barcos y cenan felices. En mis primeras 8 de la tarde bergenianas, me sentaría en el puerto bajo una estatua de Håkon VII y reflexionaría en una libreta sobre mi futuro más inmediato.

23.8.08

Este título debería ser descriptivo

En realidad lo que estoy haciendo es esperar a que se carguen las pilas de la cámara para sacar una foto que no hago más que ver. Aunque temo que en las 2 horas que va a tardar ocurran cosas que me imposibiliten el objetivo de la tarde: que la luz cambie, que me llamen para salir a dar una vuelta, que se me pasen las ganas. Y mi foto se quedará ahí donde está ahora, flotando en el aire.

Lo que hice antes fue ver un par de capítulos más de Life on Mars (sí, hoy toca día de series) y luchar contra mis ojos al final del segundo. Querían siesta y la tuvieron. Al despertarme hacía calor, y ahora sigue haciendo calor, y vi la foto flotando y la ignoré durante un rato. Paseé por blogs y blogs e intenté leer algo más de Wired (en papel), pero después del fantástico artículo sobre el café parece que he perdido el interés.

Entonces decidí poner a cargar las pilas antes de que fuese demasiado tarde y escribir algo aquí para hacer la espera más llevadera. Y puse algo de música porque parece que ya no amo tanto aquello que más me define y me hace sentir un poco mal, así que ahora escucho Lucha de gigantes y espero ansiosa el siguiente salto. Ahora.



Me ayuda a hundirme un poco más en mi día melancólico. Quién sabe por qué. Tengo que fregar los platos y pasar la aspiradora e ir a la compra. Pero el calor me ha sorprendido y ya no sé qué hacer.

19.8.08

Un espacio y dos tiempos

Un día me armaré de valor y haré la lista de momentos en mi vida que prueban que el planeta lo habitamos 1.000 personas, pero ese día no es hoy. Hoy te voy a hablar un poco más de flechas y lugares. Viva el espacio.

Ayer en el gtalk, Lucía me dijo: "hola desde oslo". Lucía lleva un par de semanas de Interraíl por el norte, Países Bajos, Dinamarca, Noruega. Cuando me saludó desde Oslo enseguida me emocioné y dije "vete a Grünerløkka y al Vigelandpark!". Y entonces me dijo que se tenía que ir ya, que estaba en una oficina de turismo. "¿La de jóvenes?". "Sí, esa". "¡Consigue la guía Streetwise!". "Acabo de escribir tu dirección en ella".

Lo que intento explicar (me doy cuenta de que estoy algo dispersa en mi prosa) es esa maravilla de pisar el mismo lugar en momentos distintos. Lo bonito de mezclar espacios y tiempos (un espacio y dos tiempos), y la fantástica idea que se me había ocurrido con Javi para hacer que viajar solo fuese menos solitario: dos personas van al mismo lugar en momentos distintos. La primera recoge objetos y deja pistas y escribe un diario. Entre viaje y viaje, le hace entrega a la segunda persona de ese diario y los objetos, y la segunda viaja leyendo el diario y buscando las pistas. Escribe otro diario con su experiencia y recoge otros objetos que entregará a la primera persona cuando vuelva (al final no lo hicimos, pero es una gran idea).

Y todo esto tiene un poco que ver con lo de las 1.000 personas. En cuanto nos movemos un poco, nos damos cuenta de que todos nos conocemos, y Lucía podría haberse encontrado en Oslo con el señor noruego raro que me explicó el barco, o podría haber sido atendida en la oficina de turismo por la misma persona que me atendió a mí hace un mes.

Oh, no sé. A mí me parece simplemente precioso. (Y difícil de explicar).

13.8.08

Dexter es como yo


Dexter tiene mi ordenador (o uno del mismo tipo, vaya). Cuando Dexter se baja capítulos de series (no le pega, pero hagamos que no nos damos cuenta) ve la misma venanita que estoy viendo yo ahora mientras me bajo el séptimo episodio de su segunda temporada.

Ya nada es como antes. Ya no vemos un sistema operativo extraño o un buscador inventado, y no sé bien qué significa que Dexter use Mac y que el novio nuevo de Debra un ordenador con un sistema operativo de los irreconocibles. ¿Forma parte de la caracterización del personaje? No sé.

Estos días viendo Dexter en mi ordenador lo comentaba con Raquel, que ya ha utilizado la idea en su trabajo (yo había enlazado su artículo pero me acaba de censurar, buscad "un espía en silicon" en google)...

(En realidad tengo yo el ordenador de Dexter, claro, y me da un poco de miedo que el hecho de ver que él es un macpijo haya podido influir en mi reciente conversión).

10.8.08

Somewhere in the city

Es una pena que con este calor no me apetezca salir (y que sea domingo, sí) y que el único plan alternativo a dormir que se me ocurra sea ver El imperio contraataca o Jekyll. También es una pena no ser capaz de pensar de forma clara en nada que no implique Centroeuropa y derechos humanos. ¿Sabes? El lugar en el que voy a trabajar acaba de nacer, no tiene ni medio año. Antes era el Observatorio Europeo del Racismo y la Xenofobia y ahora han decidido ampliarse.

También intento pensar en alemán todo lo que puedo, aber das ist zu schwer, y me imagino con abrigos y bufandas mientras sudo en mi agujero madrileño. Y entonces da igual, puede ser Austria o Escocia o Suecia, y yo paseo por las calles desiertas (como mi Černokostelecká) preguntándome si existe algún lugar lleno de gente riendo y pasándoselo bien. Por eso es una pena que no me apetezca salir, porque estaría escuchando a Tobias y sonriendo entre dientes.

2.8.08

Take this waltz

Ayer Raquel me dijo que tenía que actualizar. Lo sé, lo sé, dije.

-Y además ahora tienes muchas cosas que contar.
-¿El qué? Ah, sí. Eso.


En octubre me voy a Viena 5 meses hasta febrero. Una inesperada beca para el departamento de Comunicación de la European Union Agency for Fundamental Rights le ha dado la vuelta a todo. Y me da pena dejar mis series en manos de quién sabe quién (nadie va a cuidar a mi pequeño Dexter como yo) y dejar a mis compis de trabajo y dejar esta ciudad que quería abandonar pero en la que ya me veía hasta febrero.

Pero entonces te lo cuento, te digo "me voy a Viena" y te explico que le tengo manía por la lluvia y el frío y aquel desayuno en un parque cuando debería estar desayunando en Praga. Y tú te ríes y yo un poco también y busco en el mapa mi lugar de trabajo y está al lado del barrio de los museos y eso me hace ilusión (es el centro, no Tres Cantos). Igual que descubrir que tienen un Museo de las Pompas Fúnebres con un ataúd reutilizable y que como Praga tiene todo un mundo subterráneo por explorar.

Y no es Berlín, pero si a Leonard Cohen también le gusta, no veo por qué a mí no. Y si veo que me aburro siempre puedo liberar a los osos del zoo (porque Siggy y las abejas, oh) o escribir cartas como hacía Joyce diciendo que puf, puf. Mamá, mándame dinero. (Yo eso no, eh?).




 

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