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28.4.06

El señor juez y los mensajes ocultos

Hay gente extremadamente curiosa. Curiosa como algo interno, no como algo expansivo. Curiosa en esencia a los ojos de los demás. Rara, extraña, extravagante.
Es gente adorable también.

Pienso en esto porque acabo de leer en El País que un abogado acaba de descifrar el código escondido en la sentencia sobre plagio de El código Da Vinci. Y claro, leyendo sólo el titular, lo primero que viene a la mente es un "¿qué?" lleno de confusión.

Resulta que al señor juez, que es una persona curiosa (rara, extraña, extravagante y por supuesto adorable), no se le ocurrió otra cosa que esconder un mensaje secreto en la sentencia, usando para ello un código aprendido del propio "Código Da Vinci". Yo ya me estaba imaginando historias raras, algo del tipo "En realidad es un plagio pero me han amenazado. SOS", pero no. El mensaje escondido era:

"Jackie Fisher, ¿quién eres? Dreadnought"

Una vez más nos sumergimos en un mar de confusión y debemos preguntar "¿qué?". El señor juez, que, por cierto, se llama Peter Smith, era aficionado al mar. Jackie Fisher era un almirante de la Royal Navy de principios de siglo XX (y si queréis más información leed la noticia!). Además era barón.

Conclusión: el señor juez -una de estas personas curiosas, extrañas, raras, extravagantes y por todo ello adorable -acababa de leer el libro para ver si había plagio o no, y parece que el libro algo le influyó. Al redactar la sentencia debió de pensar que aquel texto aburrido no era digno de las intrigas de la novela. Y escondió un mensaje. Un mensaje a un almirante muerto en 1920.

¿Es o no es adorable?

25.4.06

De dónde vienen las palabras

Es realmente curioso descubrir de dónde salen ciertas expresiones o palabras, ¿no? Y no me voy a meter en etimologías lejanas, sino en lo emocionante que es ver aparecer palabras nuevas a estas alturas. Me puse a pensar en esto hoy cuando Nati comentó que la palabra "blogomillo" para referirse a la blogosfera gallega la inventó nuestro querido profesor Gago hace un par de años. Y ahora todo el mundo que está metido ahí, en el blogomillo, la utiliza.

Me acordé entonces de una canción de Belle and Sebastian en la que un verso dice:

... the dream of all the bowlie boys that hang around here...

y me vi a mí misma hace varios años buscando bowlie en el diccionario y encontrando solo extrañas referencias a bolos que no me acababan de cuadrar. Cuál no sería mi sorpresa (y emoción y alegría) cuando un día leí en algún lugar que la palabra bowlie se utilizaba para referirse un cierto tipo de gente cuya principal característica es ser fan de Belle and Sebastian y llevar un corte de pelo a lo tazón -de ahí lo de bowl-. Tazón cool, se entiende, no el peinado que estuvo de moda en los 90 sino más bien el de los Beatles. Flequillitos y esas cosas. Los modernitos ingleses, pensaréis algunos, y tal vez sea cierto. Pero que esa palabra exista ahora y que ellos se definan así desde 1997 (cuando ser fan de Belle and Sebastian aún era de niños marginados), hace que me caigan bien.

Más. Spam, spam, spam. Ese maldito correo no deseado que va a esa carpeta de correo no deseado que nos vemos obligados a consultar igual que la bandeja de entrada porque siempre hay algo deseado allí. Spam. ¿Qué es eso? Según parece la palabra se la inventaron los Monty Python.

Etc, etc, etc. (Que por cierto hoy aprendí que en checo sería atd, atd, atd). Las maravillas del lenguaje son infinitas.

Otro día, y ya acabo por hoy, haré una lista de palabras que significan cosas en otros idiomas. Si vas a Finlandia y dices "porro" creerán que hablas de renos. Y seguro que en algún país dices "reno" y creen que hablas de blogs. Del blogomillo. Observad lo bien que me ha salido mi entrada circular.

23.4.06

Generaciones

Entre Bob Dylan y Katharine Graham ha nacido en mí ese sueño ya tan soñado de ir a Estados Unidos y recorrerlo de costa a costa. Pero me gustaría hacerlo en otra época –esa época –y no ahora.

Esa época. Yo creo que ya no pasa lo que pasaba entonces. Que en un café de Nueva York se juntaran un Dylan de veinte años con gente como Allen Ginsberg, que estuvieran Joan Baez y Pete Seeger, que fueran un grupo de desconocidos que ahora están en libros sobre música o literatura. Y lo mismo le pasaba a Katharine Graham –aunque en ella el dinero de su familia tuvo bastante que ver -, que se codeaba con Steichen y Stieglitz, que visitó un día a Einstein y que otro día conoció a Matisse.

Y cuando hablamos ahora en broma de nuestra generación literaria, de alguna forma pensamos en todos esos grupos que se formaron alrededor de algo. Pero parece que en nuestra época –esta época –ya no surgen estas cosas, que ya no hay un café que vaya a dar nombre a una nueva generación o una ciudad en la que de pronto vaya a nacer un nuevo movimiento artístico. Y no sé si es por la globalización o por falta real de talento.

22.4.06

No direction home

Sólo he visto una hora de las cuatro o cinco que son (y que están todas en mi ordenador amenazando con comérselo). Una hora en la que bajé la persiana, conecté los altavoces y me acomodé como pude en la cama sin saber muy bien lo que me iba a encontrar. Y entonces apareció él con sus sesenta y pico años, apareció el pueblo en el que se crió, imágenes de la América (la del norte, sí, esa) de los años 50. Country, folk y circos.

Y él mientras lo comenta todo, habla de cómo encendía la radio y sentía que el country le decía cosas, de cómo en su pueblo no había mucho que hacer y de cómo un día se marchó.

Yo intentaba descubrir qué era lo que me hacía sonreír como una tonta, qué era lo que me estaba sorprendiendo. Y de pronto me di cuenta. Cuando Bob habló de sus dos primeras novias, Gloria Story y Echo (grandes nombres) y dice que ellas sacaron al poeta que había en él. Y se calla. Y ves que sus ojos brillan y se ríen. Que su boca esboza una pequeña sonrisa.

Ahí supe qué era lo que pasaba. Ese hombre estaba tirando por tierra la imagen del Dylan actual que yo tenía metida en la cabeza. Siempre serio, con esos ojos azules y fríos, su piel temblorosa. Un hombre estricto. Pero luego ese hombre serio e implacable explica cómo pasó en dos meses de ser alguien mediocre a ser un genio. Un cruce de caminos. Un pacto. Ahora ya no tiene alma. Te mira y lo sabes. Se está riendo de ti. Y es maravilloso ver cómo alguien a quien siempre he tenido miedo, una de las personas que más me impresionaría ver cara a cara, es humano.

Podría escribir líneas y líneas sobre esta hora. O sobre cómo me gustan los documentales sobre música. Sobre cómo quiero de pronto comprar sus mil discos. Sobre cómo estaba obsesionado con Woody Guthrie. Sobre cómo de pronto está para mí en la categoría Paul Newman (un día explicaré lo de mis categorías).

Pero veo el riesgo de perderme en tópicos sobre poesía y no se lo merece.

No direction home, de Martin Scorsese



21.4.06

Movimientos

Es esa necesidad estúpida de cambiar y de moverme. Y siempre me había considerado una persona tranquila y casera, de costumbres fijas y todas esas cosas aburridas. Con mi pequeño espacio, mis cuatro paredes forradas con libros, discos y pósters para protegerme. Y no sé en qué momento empecé a arañar la mesa, en qué momento tuve que salir y cambiar por primera vez, pero ahora parece que no puedo estar demasiado tiempo en el mismo sitio. A nivel físico busco casas en distintas ciudades y países, pensé en Praga, pensé en Santiago, pienso en Barcelona. Y aunque a esta última no he llegado aún, pienso ya en Alemania y en Suecia. O Noruega. O Finlandia. Y Londres también. Intento no salir de Europa porque sólo el pensar en todos esos lugares me marea.

A nivel virtual, mientras tanto, viajo de Livejournal a Blogger y viceversa y viceversa una vez más. Porque parece que al cambiar damos un impulso a algo.

No es que busque no ser de ningún lugar. Me gustaría ser de todos.

 

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